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Reencuentro


Esperaba verte allá donde el árbol va desapareciendo, donde la montaña es más azul y el mar escapa de nuestro alcance. Esperaba que allí estuvieras, observando la posible huida de un sueño que te idolatraba. Sin saberlo fuiste apareciendo en las figuras que yo no miraba de las nubes. Alguna lágrima derramaste, mas la mayor parte del tiempo pensabas y volvías a acercarte, como aquella tarde en que estabas tan cerca que sentí como latía tu corazón y volví a creer en tu presencia en algún lugar del mundo.
Leía aquel libro de historia, el que hablaba de bosques y parques infantiles donde jugaban niños felices y existían naturalistas y psicoanalistas. Aunque también había hydras y espías. Buscaba en silencio una explicación para la trama que describía, nada fácil como en los viejos tiempos de novelas policíacas, que ya hoy no aparecen. El libro no era grueso, pero sus más de 500 páginas hacían un tiempo bien aprovechado, si no hubiera sido por tu cercanía y saber, hoy, claro está; que podía tocarte con mis manos, besarte tan fuerte y con tanta pasión que no serviría de nada un respiro, quizás con tres suspiros bien profundos recuperaríamos el aire convertido en energía, pero los prejuicios nos obligaban a separarnos, aun cuando no pensábamos en nuestros semejantes.
Caminé durante mucho tiempo, encontré solo ruidos futres que hicieron llevar mis manos a las orejas, dicen que hace mucho tiempo existieron fábricas muy ruidosas que no molestaban tanto a los oídos porque los hombres estaban menos evolucionados y asimilaban menos los sonidos, eso mucho tiempo antes de la historia del libro, que siguió bajo mi brazo, mientras te buscaba. Cuando te lo regalé pensaste que era una burla, tan viejo y de historia, que hace tanto tiempo que no nos gusta hablar de ella, yo creo que se debería programar algo a nuestros bebes para que conocieran de los miles de años que nos separan de la creación de la tierra, fueron muchos los que eran rechazados cuando decían que existía un creador, claro que ellos no iban a imaginar al final que fuera alguien como tú.
No sé por qué pero nunca me dijeron que por mucho que te buscara allá donde una fina línea hace separar el cielo con la tierra que es agua, no iba a llegar nunca a ese lugar y eso que busqué informaciones en todos los programas diseñados, desde los más antiguos hasta los de hace 3 años cuando dejaron de producirse los medios externos para la transmisión de información.
El día que salí a buscarte acababa de leer un capítulo donde un niño era tomado por una hydra, el cuerpo se mantenía pero el pensamiento y el alma iban siendo tomadas poco a poco por el nuevo ser. Es como ahora cuando entras en mi cuerpo y tomas mi ser, acaricias mis entrañas con la fuerza de un átomo estable, pero como diferencia que cada vez se debilitaba el viejo ser hasta morir, todo lo contrario a cuando me dejas alimentado de tu energía.
El camino estaba plagado de bichos, eran tostados y crujían cuando los pisaba descuidadamente, parecía como un pequeño mar de peces cuando un tiburón pasea entre ellos. Cada paso era un día más cerca de ti, un instante de dicha; al llegar los pensamientos dulces aquellos que todavía no me pertenecían pero que tú amablemente hiciste que me fueran entregados por adelantado.
Las piedras sí incomodaban bastante, hubo una gran piedra que casi me impide seguir el camino, por suerte tuve fuerzas para arrastrarla y apartarla del camino. La piedra era como azulosa con vetas rojas o quizás rojiza con vetas violáceas pero tendía a la confusión del color, así como aquellos seres que habían existido hacia algún tiempo y que hasta se peleaban por definir el color de las cosas, algunos preferían el blanco y el negro, cuando la mayoría se disputaba el rojo o el azul, amarillo o cualquier otro, claro que la voz cantante siempre la llevó el color de la sangre, es el más vivo y se llegó hasta a matar por defenderlo.
Pero el color no era lo más importante, sino que dicha piedra estaba en un lugar bastante interesante, en aquel momento solo pensé en la posibilidad de librarme de ella, pero hoy un poco más claro de la situación me doy cuenta que había alguna intencionalidad, que me gustaría descubrir. Cercano al lugar, irónicamente, no se veían otras piedras de ningún tamaño, era como si algún niño hubiera pasado su infancia recogiéndolas para lanzarlas a algún lago cercano.
Precisamente casi se podía oír la corriente de un río mientras caía por una pequeña cascada, sin embargo no había árboles, algo bastante extraño a la orilla de los ríos, solo se veía la espesura de una sabana de espinos, que impedía desviar el camino excepto por una vereda que al parecer habían dejado abierta algunos hombres al torcer su recorrido, no se veía un posible fin aunque el camino se veía bastante trillado y confiable, sin embargo yo seguía pensando en encontrarte así que saqué fuerzas de donde no tenía hasta poder arrastrar la gran piedra hasta los espinos, tampoco le presté mucha atención cuando después de pasar por el lugar, al parecer la piedra no quedó bien segura y regresó de pronto al mismo sitio, entorpeciendo el camino para mi regreso, aunque nunca tuve la menor intención de regresar, el problema radica en que cualquier otro que quisiera pasar tendría nuevamente que sacarla de su camino. También me extraña hoy que la piedra estuviera en ese lugar, ¿Acaso no habría pasado nadie antes que yo?
El resto de las piedras del camino fueron fáciles de bordear, algunas, otras las arrojaba con fuerza, buscando oírlas caer a lo lejos, como si le estuviera poniendo pruebas a mi oído las arrojaba bien lejos y después quedaba atento para oírlas caer. Siempre las oí a pesar de lanzarlas bien fuerte desde el primer momento, como para no encontrarlas nunca más y que nadie vaya a tener la misma suerte que yo de sufrirlas.
Cuando el sol se estaba poniendo la primera noche sentí miedo, quizás a no volver a ver el sol, o quizás a encontrarme con la luna, lo cierto es que me recosté a un árbol a mirar las estrellas, aquella noche había muchas, yo sé que siempre están ahí esperando a que alguien las mire y las cuente, aquella noche solo llegaban a 10 o 20 y perdía la cuenta, no perdí mucho tiempo en esas nimiedades, me dediqué mejor a pensar en tu amor, yo sabía que te iba a encontrar, es que siempre estuviste y tan lejos que salí para encontrarte.
A la tercera noche ya no tenía cómo soñarte, te había dado tantos besos que ya no tenía donde hacerlo, sin embargo ¿Recuerdas cuando te encontré? Te besé en casi todos los lugares que no había imaginado antes. Nos enamoramos del amor que ya sentíamos, tu tan omnipresente y omnipotente, yo tan simple, tú tan humana, yo tan lleno de circuitos y modelos matemáticos.
                                                                 YCB 09/05

A tiempo


Puede ser esta la última oportunidad para decir “Te quiero”. Pudo haber sido solo hace dos horas la última oportunidad para decir “Te necesito”. El destino es cruel y también inteligente, es misterioso y un poquito irónico.
El amor puede ser en ocasiones traicionero y decir sin hablar, también sabe mentir cuando le preguntas a tu corazón “¿Que sientes?” y te responde: “Ya vacié mis ríos caudalosos y solo quedan vetustos riachuelos que pierden el cauce en invierno.”
Pueden ser estas las últimas palabras para decir “No lo sabía”. Puede también que ni siquiera lleguen a ser las últimas.
Quien sabe si Dios, burlonamente, impida que un ratón se mueva y quede irresoluto, esperando un impulso mecánico que no volverá a ser emitido.
Puede que sean dos siluetas amigas, que se pierden en la penumbra, la causa y el efecto de raspar el interior. La causa como efecto o el efecto como causa, da igual y al final simplemente no da más que razones para pensar en un “Soy yo el que pierde la luz”. La luz siempre está en la fuente emisora, la sombra está en todo lo demás, el detalle es encontrar la fuente, las sombras son fáciles de sufrir. Pero, al igual que la oportunidad, puede la fuente dejar de serlo al instante, perder toda luz que brilla y convertirse en objeto común haciendo sombras a nuevas fuentes emisoras. Pero, cuidado con ellas, existen los satélites, los planetas, los pequeños cuerpos que reflejan la luz ajena y de esos nos sobran aquí y allá, si encuentras uno de ellos no lo desprecies, pero no olvides que puedes encontrar una estrella o un sol que te de luz, que te regale su luz porque siente que ese es su trabajo, darte la luz que tenga, por poca que sea, su propia luz.
Todavía no sé si alcance el tiempo para decir “Aquí estoy” y aquí estaré, no de lejos, bien de cerca, no al margen de la verdad como hasta hace unas horas, sino luchando con la fe de un sacerdote que alaba a su Dios, con la fuerza que un gladiador defiende su vida frente a la fiera más carnicera, con la delicadeza de un niño que sonríe desde su cuna a la madre que descubre su pecho para alimentarlo.
No es la palabra escrita un desafío, es la forma del silencio al oído, de la voz directa al cerebro, es además el inicio de un sistema de interacción continuo dirigido por un ser sobrenatural y misterioso; Si tienes dudas a la hora de buscar una razón, pregúntale al tiempo, que recoge azares y efectos de causas equivocadas y que eran fácilmente cambiadas. Al menos he llegado al final y todavía estoy a tiempo, si existe un después, ese será precisamente el necesario para no dejar de decir lo que ya está dicho.

YCB 04/11/04

Mi camino


Miro los colores, miro las palabras, miro las utopías, miro los binarios y miro los cuerpos hermosos de sirenas que abandonaron los cuentos y se sientan en las piedras moldeadas con manos bruscas y fuertes que también saben dar una caricia tierna. Miro, además transformo y lo hago en silencio.
Alfarero del mundo, voy moldeando barro, voy esculpiendo la piedra más “bronca”, voy poniendo un toque de alegría, un toque de esperanzas a las tortugas que se mueren sin avanzar, poniendo ojos a las plantas que sienten tanto como yo, pero no pueden ver el andar de los sueños construidos de otros sueños que mataron a sus dueños. Constructor artístico no cursi, no profesional, no perfecto, no mejor que el peor de todos; pero sí el más de mi mismo, pero sí yo mismo; el que nunca me robó una idea. El campesino que llora con la lluvia, llora de alegrías con los cultivos verdes y también con los que otros solo miran y no tocan.
La lluvia es de todos, pero es mía por guajiro, es mía por artista, es mía por político, es mía por científico, es mía y soy egoísta con ella, no se la doy a nadie, no se la puedo regalar porque muero, porque cae con gran estruendo y me moja los recuerdos, me chorrea por las venas y cada gota se seca al aire libre. Se seca al sol intenso, caricia cálida de un beso enamorado, de un beso de amor profundo encontrado al azar al lado del metal fundido. En el filo del cuchillo está el camino, lleno de baches y piedras sin esculpir, vacío de colores alegres, o tristes, pero colores, lleno de utopías escondidas entre los escombros de valores, vacío de unos y otros ceros que salieron a pasear por el cielo, que no tiene huecos ni obstáculos para avanzar; lleno de cuerpos hermosos que rellenaron los dioses con materia putrefacta y desechos abandonados por las rapiñas, vacío de palabras inteligentes que resuelvan los problemas de la incomunicación de los idiomas extraños que exportan sus méritos y sus tantos intereses de aprehender y de los dialectos indígenas que recogen tanta cultura tirada por rincones.
Existe la mano tendida para empujar al precipicio, está el opuesto a mis razones de mantenerme en nada más. La sencillez raspa fuerte la piel del soldado de la guerra interna. El cuerpo ha sufrido magulladuras fuertes, moretones que sanaron con tolerancia o fomentos de agua fría. No faltaron los nudillos propios o mis palabras escapadas de la cárcel donde las guardaba para un momento crítico de estupor. Salieron, es cierto, pero el control interno es tal que no salieron más que las mínimas posibles, la represión es peor que la de Dios con los pobres de hoy.
Ahí estoy, en el camino, sino correcto, el mío; sino incorrecto, el más difícil; sino el que prefiero, el que me alimenta. El camino de sacar de todos los caminos, de estar en todos los caminos, un poco compartiendo con la rosa y el romerillo, con el mar inmenso y el arroyuelo que desaparece en Octubre y hasta Junio. Sin ser rey, la nobleza me abraza; sin ser plebeyo, la plebe me alaba.

YCB 11/2004

Palabras de bienvenida


Recoges las migajas de mis pasos perdidos, lo que el tiempo hizo fue endurecer los dientes, eliminar el centellear de los marfiles amarillos y descuidados.
El cuerpo desaparecido de pronto entre risas burlescas. ¿No me dirás que nunca fuiste ayer? Por ejemplo yo soy mañana y mañana seré ayer; y no pienses que es el presente convertido en Ciencia Ficción, es el tiempo relativo a los sentimientos, son los sentimientos esparciéndose por los confines de la sabia de plantas que habitan nuestras entrañas más escondidas. Es la finura de un rasguño, quizás los huesos aumenten el rozamiento, la fricción mecánica puede desgastar la materia cruda. ¿Tú crees que la materia espiritual no resista el experimento?
Las grasas están en la esquina. Dos pasos medios firmes y los tejidos adiposos estereotipados formarán parte de la cotidianidad personal de mi ego. Fácil consuelo para un vencedor que nunca ha logrado un gran premio. Mas la gula me consume, la gula de un espíritu perspicaz que ensombrezca la modestia que invade los caminos seguidos. ¿Será que esperabas un silencio de todo esto? ¿Será que pensaste que volvía a morir el atardecer? Estas son las palabras de bienvenida, puedes ser la razón para un desastre ya creado hace mucho tiempo, el volcán que no erupcionó o el terremoto que perdió la fuerza mientras se meaba de la risa con las estupideces de un novato que pensaba ser el rey de los sentimientos ajenos.
Al menos comprendí que estabas aquí, como de costumbre reivindicando el ayer que es hoy y será mañana. Por cierto ya casi soy una semana, casi pierdo el domingo por tratar de encontrar el martes que se había ido detrás del lunes.
Pero no te preocupes, muchas veces las partículas son azules, claro que muchas veces son blancas o negras. Pero, en todo caso, son cachos de historias que no se escribieron y hoy tienes la gran responsabilidad de agruparlas y sin hacerme ver, convertirlas en páginas de nuestro destino.

YCB 11/2004

Personas


Cuando me siento a escribir casi nunca me acuerdo que ya dije algunas cosas o que ya escribí otras, ahora no es la excepción, cuando te parezca imprudente algún comentario, no dudes en hacerlo saber, el estudio de la personalidad es más difícil que el idioma chino.
Al menos hago el intento cada día de encontrar puntos coincidentes entre las personas y los seres como tú y yo. He descubierto varias cosas, por ejemplo que no somos perfectos, que tenemos orgullo propio, que también miramos con malicia (de vez en cuando y eso ya nos aleja de las personas). Pero los puntos más n-distantes, con n tendiendo al infinito (Aunque el infinito no existe en el concepto de mi persona), son los siguientes (dejando la modestia guardada en el saco que escondo bajo mi colchón); miramos de frente (Aunque a veces demos la espalda), buscamos el mismo sol que ilumine y no la luna que refleje, lloramos a escondidas y reímos engañando al mundo (Y ahí está el problema de incluir en ese mundo a seres que no son personas, por transitividad tú o yo y viceversa). Vemos un poquito más allá de nuestras narices y un poquito más acá de nuestro futuro asombroso y castillezco.
Cualquiera diría que casi somos personas, pero yo se que no, que fuimos traídos para cumplir una misión importante en este mundo y juntos o disjuntos no nos iremos de la tierra sin hacer la parte que nos corresponde. Si crees que necesitas ayuda estoy dispuesto a lo que sea; pero si crees que debes ayudarme en algo, precisamente estoy esperando.

                                                           YCB 26/11/2004

Rayo de luz


Hoy descubrí el pequeño rayo de luz que intentaba salir a través de un agujero entre las rocas de la caverna donde se esconden los deseos reprimidos y las fuerzas infernales de la desesperación.
Lo estuve mirando largo rato, pero invariablemente incidía sobre una rosa que yacía, casi marchita, junto a un charquito que sabía salado. Era como si la fuente de energía tuviera la valentía de no moverse hasta revivir los pétalos desvencijados.

Febrero de 2005

Nueva ironía


El bicho de atrás de la piedra,
Junto al camino rocoso azul,
Estaba sonriendo de escalofrío.
La cigarra entonaba la sinfónica
Más esperada por la luna,
Se jactaba de sonidos en colores.
Los árboles pensaban en su sitio,
Sobre la rueda de fibra animal,
Si se puede o no descubrir.
El arroyuelo dejaba escapar
Un suspiro quejoso y sombrío,
Casi llegando al mar.

El bicho me comentó al oído:
“Vuelves a precipitarte, mira derecho.”
La cigarra sin dejar de vagar
Por los confines de lo hermoso
Entonaba a todo pulmón:
“Contamíname, mézclate conmigo…”
El bosque esparció un rumor,
Vagó, vagó… Llegó a mí:
“Hecha a andar, firme y sin temor.”
El arroyo arrastró con la creciente,
Un papel grabado y pedestre, decía:
“No busques donde no hay,
Encuentra lo que tienes delante.”

Todos conspiran hoy,
La luna desaparece lentamente,
El camino rocoso no tiene piedras,
O no las he visto aún.
La rueda animal echó a rodar
Por la utopía de los deseos ordinarios.
El mar indiferente comenzó a danzar
Acariciando las rocas que le hacen resistencia.

YCB 10/12/04

El vacío


El vacío apareció, pero no convertido en negro agujero que absorbe materia esparcida caóticamente, sino convertido en espacio bajo influencia de la gravedad del planeta que soy; que atrae y retiene a la vez, que afecta a muchos pero mantiene un solo satélite (Al menos mi planeta es así). Y que gira alrededor de un sol de razones que deflagran y cambian como los electrones más libres del quantum.

   YCB 2005

Aves


Las aves volando por el cielo azul,
la tierra serena, esperando la tormenta.
El árbol sembrado a la sombra de un río,
(Porque el río le da sombras en las noches a los árboles,
al igual que los insectos brindan luces a sus hierbas
y los hombres calor a sus casas).

Las aves vuelan y no se enteran que están acompañadas.
El mar es tan grande que el calor no se distribuye igual.
Los mamíferos, como yo, buscamos el seno tibio,
porque el calor de las casas no es igual,
ni tampoco los gusanos alimentan a la tierra,
ni los dioses conocieron sus parejas.

Si tuviera una, enjaulada y alegre, estuviera el árbol
convertido en gas, en viento tierno y suave, acariciando
el rostro de las silvestres flores azules del bosque encantado.
Pero no hay ramas fuertes y saludables,
no hay serpientes que embobecen con su veneno,
ni Internet que distraiga la atención.

Una de ellas caerá tendida en el firmamento,
sin llegar al océano inmenso, o al arroyuelo,
sin convertirse en serpiente ni en flor silvestre;
porque tendrá calor sobrante del árbol cercano,
con los gusanos acechando y el viento soplando.
Con la casa abierta y dioses esperando.

YCB 30/11/2004

A ti cuando no estabas


Aquel día que salía el ómnibus no pensaba, aunque lo presentía, que unos días después mi vida estuviera en un vacío incómodo y perverso que me corroe las entrañas como el mar a las rocas. Hay tantas semejanzas en ese símil. Las rocas van dejándose penetrar hasta llenar el océano de sal que tan vital resulta, mi vacío se va llenando de amor que subliman mis entrañas cada minuto de tu ausencia temporal y no menos cruel que la huida involuntaria de un fruto mortal. Cada palabra que me llega, cuando al fin y en el momento más feliz de mis días sin ti, tengo al menos tu voz transformada por los conductores que tanto agradezco una vez al día; es el alimento más necesario para seguir viviendo. Ni los trabajos docentes, ni los políticos, ni siquiera los científicos, son capaces de hacerme olvidar tu figura; aquellas piernas suaves y firmes que son como un desierto que recorro ansioso de encontrar el oasis que me salve de la sed desesperante, el fin de tronco increíblemente desprovisto de aves silvestres revoloteantes y endémicas, mariposa que acaba de salir en busca de su única y anhelante flor, mostrando todas las caricias que aun faltan por entregar y las ya entregadas. Justo a la mitad, el rezago más ferviente de reproducción de semejantes, clavado en mi memoria, como nuestra cama del 14-105, o como la mesa de PC del 8-406, involuntarios implicados que serán citados en cualquier momento que sea necesario hablar de nuestro Adán y nuestra Eva o hasta de la Manzana y la Serpiente. Frutas de mi anhelo, jugosas, carnosas y hechas no más para disfrutar en noches de frío invierno o en el calor sofocante, ahí en mis ojos cerrados y en mis manos abiertas, como niño que se alimenta de las esencias de su madre tierna. Son delicados, exactos, irresistiblemente dulces, los labios cuando ríes, o cuando dejas escapar las palabras que siempre espero de ellos. Esos ojos profundos y sinceros, me enamoran como adolescente ingenuo y travieso, les huyo cuando recuesto mi cabeza sobre nuestra cama para no dejar los míos caer destilados sobre tu pequeña almohada convertida en aspirante número uno de mis noches restantes de vida, cuando no estés tú. Lluvia espléndida de ácido graso, oscura noche que invita al amor, a perderme navegando por las olas, convertirlas en marejadas peligrosas para infantes desconfiados. Todas las divisibles eucariotas van entrando en acción y sin broma por medio van dejándose arrastrar hasta la más intensa de las cataratas.
No niego que el sol se escondió en algún momento, como en el maratón puede ser aburrido ganar una gran ventaja, pero resulta como una corriente de claro río cuando se lleva una pequeña hoja que ha caído vencida por el tiempo desde la rama de un viejo roble. Pero si la corriente de río revuelto trae ramas y gajos, o en la carrera ves que se acerca un corredor cuando la meta se aleja, cuando quieres seguir corriendo para disfrutar la dicha de sentir la victoria, la dulce victoria, con la inmensa autosuficiencia libre para el alma, entonces cae la tarde. Mientras se acelera la sangre, se pone el extra de los campeones y se entrega el corazón, el corredor persiste e insiste y no está la meta, está la pista abierta para seguir corriendo desenfrenadamente hasta sentir nuevamente la tranquilidad de la amplia ventaja, hasta sentir que la tormenta no fue más que una lluvia de verano, que nuevamente sale el sol y el río se empeña en hacer navegar la pequeña hoja de roble.
Algún contacto tenemos con la matemática así que vayamos a los números; un sexto de tiempo es como un día, más unas horas, en una semana; es como 5 días de un mes, mas si son 6 los meses, llegamos a un ciclo lunar sin beber de la miel de tus labios, sin degustar del sabor a ti.
No me preguntes cómo, pero estuve caminando sobre el torrente desmedido de las penas más profundas de la vida, la tristeza de pensar en la dicha de amarte de carne y hueso, y saber, creer, pensar, que hay otro Dios que, no se cómo ni por qué, trata de imponerse al tuyo que acepté y más, egoístamente atesoré para mí. Yo sé que el Dios que une y gobierna entre los hombres y mujeres, tiene objetivos y razones, hechos y desechos que nadie quiere pero todos aceptan. Solo te pido, amor, que eches a volar y vengas a mis brazos a decirme cuanto desecho ha traído tu Dios antes de ser nuestro, cuanto desecho puede haber creado otro Dios que no tiene nada que ver con el nuestro, pero sobre todo quiero que alabemos, como los mayores teólogos del mundo, a nuestro verdadero creador y guía.
Cada vez que cae la tarde ya pensamos en la siguiente mañana, nuevos pichones que aprenden a volar, nuevas tortugas que salen de sus huevos e instintivamente cada una, abriéndose paso entre la multitud, lucha por su existencia, transitando hacia el inmenso mar; nuevas historias que quedarán grabadas en las mismísimas entrañas de la vida y el planeta.
Aun no amanece, pero ya diviso el resplandor de un amanecer eterno, un amanecer de gorriones que no cesarán de expandir sus alegrías por el viento que llevará sus mensajes de optimismo a los confines de los reinos desconocidos y prepotentes, los cuerpos, los huesos calcificados modestamente, la sabia agreste de los héroes más victoriosos, los fetos que ven la luz formados en tiempo, tus ojos, mis manos, la vida eterna.
Ese día que llegue el ómnibus no recordaré, aunque lo sentiré, que unos días antes escribía esta epístola al recuerdo de mi amor ausente.

YCB 29/09 - 06/10  2005

Conversación


Quiero escribir algo. No se si para decirte adiós o para, simplemente, olvidarte.
- La felicidad en ocasiones se confunde con el dolor de espíritu. -
Pero no era así. La razón se puede confundir, pero el corazón no. Los motivos podían sobrar para sonreírle a la vida un poco, para respirar un ambiente limpio de las cosas de siempre. Mas quise hacerme el filósofo. Ya mi consciente no guardaba un fugaz e inocente comentario de quien, si supiera, ni lo hubiera mencionado. Ya mis ojos no brillaron, ya mi rostro no dibujaba sonrisas furtivas e infantiles y no logré conectar las causas para llegar al efecto que ya afectaba mis conexiones. Ya no quiero escribir más. Quiero escapar de la tierra, del cielo, del aula, de la política, de ti, de mi. Quiero de una vez perderme y no ser yo y decirte tantas cosas que ni te imaginas que puedan ser dichas de una sola vez, que no sueñas con que alguien te diga en un minuto, no más. Pero sé que no tienes la menor intención de escuchar a este tonto perfecto, a este perfecto idiota que no ha hecho otra cosa que soñarte cada noche, cada día, cada minuto.
No más que felicidad, no más que suerte y que algún día leas esto que no le escribo a nadie más que a ti. Sí, algo más. Cuando la vida obliga a tomar decisiones corremos el riesgo de equivocarnos, cuando nos equivocamos corremos el riesgo de no saber rectificar. Espero rectificar mis grandes errores, aunque sé que ya es tarde para ti pero quizás no para mi, no lo sé. Espero que alguien me ayude antes de que también sea tarde para mi. La única diferencia es que tu vives ya en otro nivel de este juego, y yo muero todavía sin saber escapar del primero.
Cuánto hubiera dado, aunque fuera por tener la duda de un quizás.
YCB 02

Visiones


Hoy el crepúsculo fue antes de la puesta del sol.

Las tinieblas cubren todo,
La luz no se refleja en mis ojos.
Los colores van desapareciendo.
Todos.
Se pierde el rojo,
El pirata se convierte en presidiario.
Se pierde el blanco,
No queda nada desaliado.
Se pierde el azul,
Las parejas juegan a mentir.
Se pierde el verde,
El horizonte con él.
Busco las constelaciones,
No hay quien las haga.
¿De qué se hablarán los enamorados?
Busca la luna,
No ha salido ni saldrá.
¿Quién será testigo de las pasiones?
La tierra se estremece,
Las abejas, que todas bajaron a su centro,
Se van; no quieren seguir fabricando
La lava del volcán que sigue en erupción.
Ahora, bajan todas las “cascabel”.

Siento algo a mis espaldas,
Vuelvo el rostro…
La luz molesta a mis pupilas,
Los colores todos se reflejan.
El sol en lo más alto, en primavera;
Los árboles, las aves, las flores…
Y como si nunca se hubiera comido
El fruto prohibido, en las aguas de un riachuelo,
Se les ve, o mejor, se le ve vivir.
A un cuerpo, con ambos sexos.

Me incorporo.
Solo hay una silueta de hombre,
Solo.
Vagando por el Sahara.
Azotado por una tormenta de arena.
Con hambre, sed y frío;
Con abrigo y su mochila llena;
Con hiel y sin corazón.
No caben dudas,
Hoy el ocaso fue por el este.

YCB 25/10/1996

A medio día


Hoy por fin he llegado a ti,
Nos encontramos aquí, solos,
Cumpliendo con la naturaleza.
Continuando nuestras vidas,
Unidas para siempre.

Sobran las palabras
Porque has hecho tierra mi corazón.
Y como si fuera el primer amor,
Eres con tu nombre una oración al señor.
Una promesa a chango
O la suerte del destino que contiene mi espíritu.

No tengo tiempo para mirarte sin embargo,
Me imagino el rostro de tu alma,
Me imagino la naturaleza en nuestro derredor.
Una ráfaga de viento
Tropieza con nuestros cuerpos,
Se detiene a observar.
El sol vacila en continuar su viaje.
Cuando allá en lo más alto del cielo
Escucha el susurro que te hago al oído.
Y viendo que en un rincón de la tierra
Se piensa en la poesía, se hace poesía,
Se practica la poesía,
Uno de sus rayos busca llegar a ti,
Pero no llega, se da cuenta que yo no lo permito.

Te pierdes, vagas entre mis brazos.
Que no encuentran nada conocido,
Todo es nuevo.
El tiempo espera, sonríe satisfecho
De la victoria de esta vida.
Se concentra la sociedad,
En el pensamiento de dos jóvenes
Que hoy se conocen,
Que hoy se confían.
Que hoy se aman por primera vez.

YCB 04/1996