A tiempo


Puede ser esta la última oportunidad para decir “Te quiero”. Pudo haber sido solo hace dos horas la última oportunidad para decir “Te necesito”. El destino es cruel y también inteligente, es misterioso y un poquito irónico.
El amor puede ser en ocasiones traicionero y decir sin hablar, también sabe mentir cuando le preguntas a tu corazón “¿Que sientes?” y te responde: “Ya vacié mis ríos caudalosos y solo quedan vetustos riachuelos que pierden el cauce en invierno.”
Pueden ser estas las últimas palabras para decir “No lo sabía”. Puede también que ni siquiera lleguen a ser las últimas.
Quien sabe si Dios, burlonamente, impida que un ratón se mueva y quede irresoluto, esperando un impulso mecánico que no volverá a ser emitido.
Puede que sean dos siluetas amigas, que se pierden en la penumbra, la causa y el efecto de raspar el interior. La causa como efecto o el efecto como causa, da igual y al final simplemente no da más que razones para pensar en un “Soy yo el que pierde la luz”. La luz siempre está en la fuente emisora, la sombra está en todo lo demás, el detalle es encontrar la fuente, las sombras son fáciles de sufrir. Pero, al igual que la oportunidad, puede la fuente dejar de serlo al instante, perder toda luz que brilla y convertirse en objeto común haciendo sombras a nuevas fuentes emisoras. Pero, cuidado con ellas, existen los satélites, los planetas, los pequeños cuerpos que reflejan la luz ajena y de esos nos sobran aquí y allá, si encuentras uno de ellos no lo desprecies, pero no olvides que puedes encontrar una estrella o un sol que te de luz, que te regale su luz porque siente que ese es su trabajo, darte la luz que tenga, por poca que sea, su propia luz.
Todavía no sé si alcance el tiempo para decir “Aquí estoy” y aquí estaré, no de lejos, bien de cerca, no al margen de la verdad como hasta hace unas horas, sino luchando con la fe de un sacerdote que alaba a su Dios, con la fuerza que un gladiador defiende su vida frente a la fiera más carnicera, con la delicadeza de un niño que sonríe desde su cuna a la madre que descubre su pecho para alimentarlo.
No es la palabra escrita un desafío, es la forma del silencio al oído, de la voz directa al cerebro, es además el inicio de un sistema de interacción continuo dirigido por un ser sobrenatural y misterioso; Si tienes dudas a la hora de buscar una razón, pregúntale al tiempo, que recoge azares y efectos de causas equivocadas y que eran fácilmente cambiadas. Al menos he llegado al final y todavía estoy a tiempo, si existe un después, ese será precisamente el necesario para no dejar de decir lo que ya está dicho.

YCB 04/11/04

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