Solo se aprende mientras se vive.
Cada minuto es un trozo de conocimiento que se lanza o se recoge, se funda con la palabra, se estrujan los valores y se transmite la fuerza de seguir.
El mejor padre no es el que pasa la mano a la hora de cuestionar una acción.
El mejor científico es el que hurga sin recelos para encontrar los porqué.
La ciencia en códigos y la palabra precisa revuelven los días que anuncian el final de una etapa más.
Para algunos soy el peor juez, su resultado es el mío.
Para otros soy el designado juez, represento la justicia que tan esquiva suele ser.
Para uno soy el verdugo que avisa, que enseña las armas y propone al final.
Para los más puedo ayudar, oír, o quizás ser otro que se pierde la oportunidad de ver la estatura de una suerte de polluelo que pronto ira a dar a cualquier lugar.
YCB 23 de mayo de 2013