a veces se le olvidan las flechas y solo lo ves de lejos y cabizbajo.
Siempre está presto a un soplido en los ojos o a un susurro al oído,
siempre vuela alto evadiendo cazadores, rascando estrellas.
Nunca está cuando lo necesitas para obedecer la razón,
nunca se le olvida llegar cuando prefieres libertad.
Yo, sangrando por tanto tiempo, lo busco para hacer justicia.
YCB 13 de febrero de 2012