Hoy descubrí el pequeño rayo de luz que intentaba salir a través de un agujero entre las rocas de la caverna donde se esconden los deseos reprimidos y las fuerzas infernales de la desesperación.
Lo estuve mirando largo rato, pero invariablemente incidía sobre una rosa que yacía, casi marchita, junto a un charquito que sabía salado. Era como si la fuente de energía tuviera la valentía de no moverse hasta revivir los pétalos desvencijados.
Febrero de 2005
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