Reencuentro


Esperaba verte allá donde el árbol va desapareciendo, donde la montaña es más azul y el mar escapa de nuestro alcance. Esperaba que allí estuvieras, observando la posible huida de un sueño que te idolatraba. Sin saberlo fuiste apareciendo en las figuras que yo no miraba de las nubes. Alguna lágrima derramaste, mas la mayor parte del tiempo pensabas y volvías a acercarte, como aquella tarde en que estabas tan cerca que sentí como latía tu corazón y volví a creer en tu presencia en algún lugar del mundo.
Leía aquel libro de historia, el que hablaba de bosques y parques infantiles donde jugaban niños felices y existían naturalistas y psicoanalistas. Aunque también había hydras y espías. Buscaba en silencio una explicación para la trama que describía, nada fácil como en los viejos tiempos de novelas policíacas, que ya hoy no aparecen. El libro no era grueso, pero sus más de 500 páginas hacían un tiempo bien aprovechado, si no hubiera sido por tu cercanía y saber, hoy, claro está; que podía tocarte con mis manos, besarte tan fuerte y con tanta pasión que no serviría de nada un respiro, quizás con tres suspiros bien profundos recuperaríamos el aire convertido en energía, pero los prejuicios nos obligaban a separarnos, aun cuando no pensábamos en nuestros semejantes.
Caminé durante mucho tiempo, encontré solo ruidos futres que hicieron llevar mis manos a las orejas, dicen que hace mucho tiempo existieron fábricas muy ruidosas que no molestaban tanto a los oídos porque los hombres estaban menos evolucionados y asimilaban menos los sonidos, eso mucho tiempo antes de la historia del libro, que siguió bajo mi brazo, mientras te buscaba. Cuando te lo regalé pensaste que era una burla, tan viejo y de historia, que hace tanto tiempo que no nos gusta hablar de ella, yo creo que se debería programar algo a nuestros bebes para que conocieran de los miles de años que nos separan de la creación de la tierra, fueron muchos los que eran rechazados cuando decían que existía un creador, claro que ellos no iban a imaginar al final que fuera alguien como tú.
No sé por qué pero nunca me dijeron que por mucho que te buscara allá donde una fina línea hace separar el cielo con la tierra que es agua, no iba a llegar nunca a ese lugar y eso que busqué informaciones en todos los programas diseñados, desde los más antiguos hasta los de hace 3 años cuando dejaron de producirse los medios externos para la transmisión de información.
El día que salí a buscarte acababa de leer un capítulo donde un niño era tomado por una hydra, el cuerpo se mantenía pero el pensamiento y el alma iban siendo tomadas poco a poco por el nuevo ser. Es como ahora cuando entras en mi cuerpo y tomas mi ser, acaricias mis entrañas con la fuerza de un átomo estable, pero como diferencia que cada vez se debilitaba el viejo ser hasta morir, todo lo contrario a cuando me dejas alimentado de tu energía.
El camino estaba plagado de bichos, eran tostados y crujían cuando los pisaba descuidadamente, parecía como un pequeño mar de peces cuando un tiburón pasea entre ellos. Cada paso era un día más cerca de ti, un instante de dicha; al llegar los pensamientos dulces aquellos que todavía no me pertenecían pero que tú amablemente hiciste que me fueran entregados por adelantado.
Las piedras sí incomodaban bastante, hubo una gran piedra que casi me impide seguir el camino, por suerte tuve fuerzas para arrastrarla y apartarla del camino. La piedra era como azulosa con vetas rojas o quizás rojiza con vetas violáceas pero tendía a la confusión del color, así como aquellos seres que habían existido hacia algún tiempo y que hasta se peleaban por definir el color de las cosas, algunos preferían el blanco y el negro, cuando la mayoría se disputaba el rojo o el azul, amarillo o cualquier otro, claro que la voz cantante siempre la llevó el color de la sangre, es el más vivo y se llegó hasta a matar por defenderlo.
Pero el color no era lo más importante, sino que dicha piedra estaba en un lugar bastante interesante, en aquel momento solo pensé en la posibilidad de librarme de ella, pero hoy un poco más claro de la situación me doy cuenta que había alguna intencionalidad, que me gustaría descubrir. Cercano al lugar, irónicamente, no se veían otras piedras de ningún tamaño, era como si algún niño hubiera pasado su infancia recogiéndolas para lanzarlas a algún lago cercano.
Precisamente casi se podía oír la corriente de un río mientras caía por una pequeña cascada, sin embargo no había árboles, algo bastante extraño a la orilla de los ríos, solo se veía la espesura de una sabana de espinos, que impedía desviar el camino excepto por una vereda que al parecer habían dejado abierta algunos hombres al torcer su recorrido, no se veía un posible fin aunque el camino se veía bastante trillado y confiable, sin embargo yo seguía pensando en encontrarte así que saqué fuerzas de donde no tenía hasta poder arrastrar la gran piedra hasta los espinos, tampoco le presté mucha atención cuando después de pasar por el lugar, al parecer la piedra no quedó bien segura y regresó de pronto al mismo sitio, entorpeciendo el camino para mi regreso, aunque nunca tuve la menor intención de regresar, el problema radica en que cualquier otro que quisiera pasar tendría nuevamente que sacarla de su camino. También me extraña hoy que la piedra estuviera en ese lugar, ¿Acaso no habría pasado nadie antes que yo?
El resto de las piedras del camino fueron fáciles de bordear, algunas, otras las arrojaba con fuerza, buscando oírlas caer a lo lejos, como si le estuviera poniendo pruebas a mi oído las arrojaba bien lejos y después quedaba atento para oírlas caer. Siempre las oí a pesar de lanzarlas bien fuerte desde el primer momento, como para no encontrarlas nunca más y que nadie vaya a tener la misma suerte que yo de sufrirlas.
Cuando el sol se estaba poniendo la primera noche sentí miedo, quizás a no volver a ver el sol, o quizás a encontrarme con la luna, lo cierto es que me recosté a un árbol a mirar las estrellas, aquella noche había muchas, yo sé que siempre están ahí esperando a que alguien las mire y las cuente, aquella noche solo llegaban a 10 o 20 y perdía la cuenta, no perdí mucho tiempo en esas nimiedades, me dediqué mejor a pensar en tu amor, yo sabía que te iba a encontrar, es que siempre estuviste y tan lejos que salí para encontrarte.
A la tercera noche ya no tenía cómo soñarte, te había dado tantos besos que ya no tenía donde hacerlo, sin embargo ¿Recuerdas cuando te encontré? Te besé en casi todos los lugares que no había imaginado antes. Nos enamoramos del amor que ya sentíamos, tu tan omnipresente y omnipotente, yo tan simple, tú tan humana, yo tan lleno de circuitos y modelos matemáticos.
                                                                 YCB 09/05

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