Recoges
las migajas de mis pasos perdidos, lo que el tiempo hizo fue
endurecer los dientes, eliminar el centellear de los marfiles
amarillos y descuidados.
El
cuerpo desaparecido de pronto entre risas burlescas. ¿No me dirás
que nunca fuiste ayer? Por ejemplo yo soy mañana y mañana seré
ayer; y no pienses que es el presente convertido en Ciencia Ficción,
es el tiempo relativo a los sentimientos, son los sentimientos
esparciéndose por los confines de la sabia de plantas que habitan
nuestras entrañas más escondidas. Es la finura de un rasguño,
quizás los huesos aumenten el rozamiento, la fricción mecánica
puede desgastar la materia cruda. ¿Tú crees que la materia
espiritual no resista el experimento?
Las
grasas están en la esquina. Dos pasos medios firmes y los tejidos
adiposos estereotipados formarán parte de la cotidianidad personal
de mi ego. Fácil consuelo para un vencedor que nunca ha logrado un
gran premio. Mas la gula me consume, la gula de un espíritu
perspicaz que ensombrezca la modestia que invade los caminos
seguidos. ¿Será que esperabas un silencio de todo esto? ¿Será que
pensaste que volvía a morir el atardecer? Estas son las palabras de
bienvenida, puedes ser la razón para un desastre ya creado hace
mucho tiempo, el volcán que no erupcionó o el terremoto que perdió
la fuerza mientras se meaba de la risa con las estupideces de un
novato que pensaba ser el rey de los sentimientos ajenos.
Al
menos comprendí que estabas aquí, como de costumbre reivindicando
el ayer que es hoy y será mañana. Por cierto ya casi soy una
semana, casi pierdo el domingo por tratar de encontrar el martes que
se había ido detrás del lunes.
Pero
no te preocupes, muchas veces las partículas son azules, claro que
muchas veces son blancas o negras. Pero, en todo caso, son cachos de
historias que no se escribieron y hoy tienes la gran responsabilidad
de agruparlas y sin hacerme ver, convertirlas en páginas de nuestro
destino.
YCB 11/2004