Heredo mis propias ganas de vivir feliz, las enriquezco y prometo no perderlas nunca más. ¿Cómo contagiar alegrías si las mías están guardadas? Regaré las plantas más verdes y tiernas, pero romperé los botones del jardín.
Heredo un poema de amor que escribió un poeta triste, lo disfruto con nostalgia, lo plasmo en una web y me vierto como ayer. Heredo un pasado, incluso heredo un presente donde añoro volver a sentir la fuerza del amor.
YCB 17 de febrero de 2012
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