Un soplo de aliento en mi hombro,
La sabia profunda de tus glándulas,
El silencio tierno de una mirada,
La cosquilla penetrante en mi olfato.
Nació el amor, así como tan sencillo parece,
Así como imaginado por Dios,
Aquel día comentándolo con Adán.
Así como Eva agradeció a sus creadores.
Se llenan mis ojos de luz,
Mi boca de tu cuerpo.
Dejamos escapar el día,
Pensamos un poco mientras vemos como se aleja,
Con sus clases y sus reuniones,
Con sus evaluaciones y sus preguntas.
Vemos como desaparece por una persiana cerrada,
Con su estrés y sus malas acciones,
Quedamos serios por un instante,
Cuando ya no está,
Cuando quedamos solos,
El amor, tú y yo.
Inertes sentimos correr la sangre interior,
Sin miedo vamos matando cada intruso,
Ya sea de algodón o poliéster.
Nos convertimos en asesinos de obstáculos,
Nos convertimos en dictadores del reino apasionado.
Tus labios y los míos retozan desbordantes,
Dando paso a sus prisioneros,
Que deambulan y se estremecen desesperadamente.
Se va limpiando de impurezas cada célula,
Cada órgano virtual o real.
Quedan ocultas las epidermis
Bajo los ríos de cocteles naturales.
Energía a raudales,
Almas mezcladas,
Espíritus eróticos,
Sensualidad de imaginación,
Sexos atropellados
Por las manos, los dedos, los labios, el otro sexo…
Los senos bailando al compás del reloj de mis genitales,
Mis manos actualizándolos cada segundo,
Mas al siguiente,
Enredo tus cabellos de rayos de noche oscura,
Para convertirlos en mis dedos,
Para coronarlos eternamente.
Las fuerzas equilibradas conservando el movimiento.
Se transforma la energía,
El rozamiento aumenta hasta el infinito,
O disminuye hasta cero.
Se dejan escuchar gemidos sin dolor.
Se agotan las carnes mientras se tensan y relajan.
Desaparecen los cuerpos,
Es decir, tú y yo,
Solo queda el amor.
YCB 09/05/05
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