Las aves volando por el cielo azul,
la tierra serena, esperando la tormenta.
El árbol sembrado a la sombra de un río,
(Porque el río le da sombras en las noches a los árboles,
al igual que los insectos brindan luces a sus hierbas
y los hombres calor a sus casas).
Las aves vuelan y no se enteran que están acompañadas.
El mar es tan grande que el calor no se distribuye igual.
Los mamíferos, como yo, buscamos el seno tibio,
porque el calor de las casas no es igual,
ni tampoco los gusanos alimentan a la tierra,
ni los dioses conocieron sus parejas.
Si tuviera una, enjaulada y alegre, estuviera el árbol
convertido en gas, en viento tierno y suave, acariciando
el rostro de las silvestres flores azules del bosque encantado.
Pero no hay ramas fuertes y saludables,
no hay serpientes que embobecen con su veneno,
ni Internet que distraiga la atención.
Una de ellas caerá tendida en el firmamento,
sin llegar al océano inmenso, o al arroyuelo,
sin convertirse en serpiente ni en flor silvestre;
porque tendrá calor sobrante del árbol cercano,
con los gusanos acechando y el viento soplando.
Con la casa abierta y dioses esperando.
YCB 30/11/2004
Los pájaros volando y el cazador mirando la mejor presa, casi se escapan sin enterarse de la presencia de los colegas. Al final cayó la paloma más vieja y abatida por la tormenta, pero es harina de otro costal, aquí no había nadie en mano.
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