El sol calienta las piedras azules,
Crujen estas y tiemblan, sudando de amor.
Rozando un filo corté mi piel,
Salió la sangre que el sol congeló al instante.
Succioné el sabor a tus lágrimas
Por el fino hilillo que cayó detenidamente.
Tampoco presencié espectáculo mejor
Que el de tus dientes acariciando mis pupilas inertes.
El reino del ligero trastazo contra la pared azul,
(Hecha de piedras azules)
Es el reino de la incertidumbre y la fe,
El reino que me atrevo a conquistar y gobernar
Con sabiduría salomónica.
Mi herida, con la sangre brotando
La piedra culpable titilando,
El reino esperando;
Todos por la misma causa,
Incluso yo, y quizás tú.
YCB 02/06/2004
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