Reservamos
nuestro espacio en el universo, espacio que no nos pertenece, lo
compartimos con los demás personajes de nuestra propia novela. No
creo en otro Dios que el Amor, ni creo que el destino esté escrito
sin borrones y por adelantado. Tampoco puedo, por principio,
compartir criterios imperialistas, por eso no creo que alguien esté
en el momento y el lugar equivocado; somos nosotros los que
equivocamos el momento y el lugar para efectuar nuestras acciones y
de una forma consciente o inconsciente afectamos o “ayudamos” al
resto del elenco artístico. El siguiente poema fue encontrado en el
lecho de muerte del protagonista de un espacio reservado para la
felicidad, el optimismo y el amor.
Yo quise tus ojos,
Vivos y penetrantes,
Lecho de mar profundo
Por donde añoré pasar,
Hasta allá, mi otro
mundo.
Yo soñé los baches,
Irregulares y exactos,
Soñé cubrirlos con la
glucosa,
Ardiente y roja,
Manzana jugosa.
Yo sentí energía,
Caliente y eterna,
Arma homicida del temor,
La duda y el silencio,
Enemigo perdedor.
Yo viví tu alma,
Misteriosa y verde,
Cristal decorado
Que envidié limpiar
Con aroma de enamorado.
Yo amé un océano,
Alegre y con fe,
Gotas de veneno salvación,
Apagando luces,
Encendiendo la pasión.
YCB
02/01/2005
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