El camino sigue llenándose de sillas.
Me río de los cantos de sirena
mientras no digo cuanto te quiero,
mientras sables blanden débiles corazones.
Crece el cielo, yo con él,
me hundo con el peso
y siento cuanto bien respiro
amando como si fuera la primera vez,
o la última oportunidad
para sonreír juntos de la suerte que no llega,
de la vida que nos prueba.
Ya arranqué un trozo de motor,
voy a ponerlo donde llegues.
Repara, reconoce, prueba,
guárdalo donde nadie alcance.
Ayúdame a cubrir la cavidad
quizás tengas masilla intacta.
Quizás prefieras huir del dolor,
refugiarte en la perspicaz movida del caballo,
y como dama fuerte sacrificar al peón,
que muere dichoso de servir al sol.
Los sables siguen blandiendo,
mi alma ríe de goce y teme,
porque amar es fácil y no repara cómo,
porque amo la vida más que nada
porque el amor se equivoca aún cuando piensa.
Porque la razón despierta y grita,
sueñas y vives la ilusión,
y sacas de lo profundo la verdad
aunque no la veas.
Al menos yo no corro,
exijo mucho menos,
guardo como aquella piedra brillante,
mi talismán y vivo,
más fuerte bajo tu luz.
Estaré hoy, pero mañana no,
estuve ayer, y estaré mañana,
pero hoy no me preguntes
si existo o dejo de existir.
YCB 41209
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