Epitafio


(Homenaje a Luis R. Nogueras)
Reservamos nuestro espacio en el universo, espacio que no nos pertenece, lo compartimos con los demás personajes de nuestra propia novela. No creo en otro Dios que el Amor, ni creo que el destino esté escrito sin borrones y por adelantado. Tampoco puedo, por principio, compartir criterios imperialistas, por eso no creo que alguien esté en el momento y el lugar equivocado; somos nosotros los que equivocamos el momento y el lugar para efectuar nuestras acciones y de una forma consciente o inconsciente afectamos o “ayudamos” al resto del elenco artístico. El siguiente poema fue encontrado en el lecho de muerte del protagonista de un espacio reservado para la felicidad, el optimismo y el amor.

Yo quise tus ojos,
Vivos y penetrantes,
Lecho de mar profundo
Por donde añoré pasar,
Hasta allá, mi otro mundo.

Yo soñé los baches,
Irregulares y exactos,
Soñé cubrirlos con la glucosa,
Ardiente y roja,
Manzana jugosa.

Yo sentí energía,
Caliente y eterna,
Arma homicida del temor,
La duda y el silencio,
Enemigo depredador.

Yo viví tu alma,
Misteriosa y verde,
Cristal decorado
Que envidié limpiar
Con aroma de enamorado.

Yo amé un océano,
Alegre y con fe,
Gotas de veneno salvación,
Apagando luces,
Encendiendo la pasión.

YCB 02/01/2005

No hay comentarios:

Publicar un comentario