La raíz de lo incierto: Un cuerpo que actúa dirigido por su alma. El cuerpo, hermoso, en toda su extensión, perfecto para un in puribus seductor invitando a poseerlo; a cubrirlo de oleadas de mar encabritado.
El paraíso: La materia acomodada por los hombres.
El espíritu: Olvidado en un rincón de lujo.
Las lanzas: Navegando por cielo y mar, jugando a ser más fuertes. Una lanza de acero y oro, la mía de sueños sin cumplir, o mejor aun… sin terminar de cumplir.
La relación: Relativa…
¿Yo?: Deseando.
Sentir tus uñas
Desgarrándome la espalda,
Levemente, corriendo, la sangre,
Hasta el centro de mi alma.
Bañarte
Cada partícula con el agua bendita
De mis labios. Humedecerte, toda y sin prisa.
Mezclando los deseos con los cuerpos,
Olvidar el mar.
Tus senos, que se me antojan sencillos,
Cruzando el aire;
Jugando con mis pupilas,
Desapareciendo entre mis manos.
Tu imagen diseminada
Por cómplices, organizados a tu gusto.
Sentirte acariciando las huellas
Que van dejando tus marfiles de seda.
Y llegar allá, donde no eres tú y no soy yo,
Allá donde estamos y no estamos,
Donde sentimos tanto que morimos por un segundo…
Eterno.
Y vestirnos de miradas
Mientras van apareciendo nuevos sueños
Y reaparecen realidades.
Y vuelven a despertar
Las almas y los cuerpos.
Y burlarnos de los muros
O tallarlos a nuestro antojo
Mientras nos amamos…
Más aun después de amarnos.
YCB 11-05-03
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