En junio del 93 me preguntó el capitán Silver por la isla del tesoro.
Solos,
Solos,
Alegre Crusoe en su isla desierta,
Aislada.
Con una sui géneris población.
Cotorras imitando sonidos,
Luciendo colores hermosos,
Mas en la noche callan, duermen,
Como todos.
Reptiles cautelosos,
Mordiendo carcañales,
Dándole ala a las cotorras.
Perros jíbaros regando baba
Sobre flores, sobre espinas;
Sin más remedio para algo útil.
Carneros, traídos de un país cualquiera,
Dejándose pastar por el peor pastor,
O por el primero que chifle.
Cerdos (¿Serán burócratas?)
Echándose más fango cuanto más sucios están.
Se pasean los felinos,
Echando sus garras por delante,
Atrapando cuanto les huela a presa.
Sinsontes que cantan de todo,
Menos sus propios trinos.
Quedan aves,
Libres y con trinos propios.
Hay abejas que mueren como nacen,
Trabajando para la reina y sus hijos,
Para los zánganos y para ellas mismas,
Y fabrican miel,
Y buscan la materia prima en las flores.
Hay otros animales que no recuerdo,
Otros que nunca conocí.
Aun quedan palmas,
Que lucen su esbeltez,
Su verdor,
Sus frutos rojos, bien altos,
Donde no alcanzan los cerdos
(Que comen solo cuando cae
El palmiche)
Y quedan ceibas
Que sirven para hacer cajas de muertos.
Y hay calles que no conducen a ningún lugar,
Y terraplenes que llegan al paraíso.
Parques que duermen
Llenos de inmóviles estatuas,
Que abren un ojo cuando algún animal se acerca.
Casas que se caen hacia arriba
Y otras que crecen hasta la tierra.
Niños que sueñan,
Ancianos que recuerdan,
Adultos que dudan.
Y hay poetas, en mi isla perdida,
Que hoy entiendo.
YCB 05/02/2004
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